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Desayuno en el arte (literario y plástico)

 
El cerco de Juan Martini (Norma)

Como van a constatar a lo largo de toda la novela, el señor Stein bebe demasiado café y demasiado whisky... pero sus desayunos ¡son impecables!
Este, por ejemplo, es el primero que el autor nos describe (página 14), ¡disfruten de su lectura!


Luego, miren estos otros desayunos: El desayuno en el arte una interesantísima galería creada por Zambombazo (*). 

¿Cuál de todos es el que se parece más al descripto en la novela? 
¿En qué coinciden? 
¿Qué habría que agregar?  
¿Qué habría que quitar?

Y más desayunos ¡para seguir hablando!

 


Referencias sobre los autores, enlace desde cada imagen.

(*) Más galerías, ¡igual de interesantes!
El desayuno en el artedel Blog Póngame un café.


El humor por la exageración:

Lean y disfruten de este fragmento de Caza de brujas en la pampa en “Usted no me lo va a creer y otros cuentos” de Roberto Fontanarrosa


(…) Muerto de cansancio, molido por el traqueteo del tren, aburrido incluso por tantas horas de mirar por la ventana una sucesión interminable de llanuras de vegetación achaparrada, llegué a Limay Mahuida casi de noche y allí me esperaba un Ford T gris (...) para llevarme hasta la estancia.
(...)
De entrada nomás me habían servido un desayuno de pernil de carpincho con tortas negras, jugo de bergamota, buñuelos de grasa y café con leche recién ordeñada que me supo a gloria pero me cayó un tanto pesada.
—Ya te vas a ir acostumbrando. Mañana probá con mate cocido, en todo caso —se rió el Coronel que tenía para conmigo una constante actitud paternalista.


Literatura 3, "Los pichiciegos"

Y a todos les produjo risa porque nadie sabía qué era un pichiciego.

Antes de pasar a otra cosa, quise continuar con un poco más de Rodolfo Fogwill y sus Pichiciegos 
 
A continuación lo que elegí.  ¡ Que les guste y se conmuevan con la analogía!

Hacia las páginas 26-27 (estoy trabajando con una edición de Interzona del 2006),  Fogwill hace que el santiagueño nos cuente qué es un pichiciego:

"Los pichis": fue una mañana de bombardeo.  Estaban en la entrada y nadie se animaba a bajar, porque la tierra trepidaba con cada bomba o cohete que caía contra la pista, a más de diez kilómetros de allí.  El bombardeo seguido asusta: hay ruido y vibraciones de ruido que corren por la piedra, bajo la tierra, y hasta de lejos hacen vibrar a cualquiera y asustan.  Algunos se vuelven locos.  
Fumaban, quietos.
Tenían hambre.  Con toda la comida amontonada abajo, igual se lo aguantaban.
-¡ Qué hambre ! -dijo uno.
-¡ Con qué ganas me comería un pichiciego ! -dijo el santiagueño.
Y a todos les produjo risa porque nadie sabía qué era un pichiciego.
-¿Qué...?  ¿Nunca comieron pichiciegos...? -averiguaba el santiagueño-.
Había porteños, formoseños, bahienses, sanjuaninos: nadie había oído hablar del pichiciego.  El santiagueño les contó:
-El pichi es un bicho que vive abajo de la tierra.  Hace cuevas.  Tiene cáscara dura -una caparazón- y no ve.  Anda de noche.  Vos lo agarrás, lo das vuelta, y nunca sabe enderezarse, se queda pataleando panza arriba.  ¡ Es rico, más rico que la vizcacha !
-¿Cómo es de grande?
-Así -dijo el santiagueño, pero nadie veía.  Debió explicar-: como una vizcacha, hay más chicos, hay más grandes.


A los lectores argentinos, los gentilicios leídos seguramente nos llevan de un extremo al otro del país sin ninguna dificultad.

Para mis alumnos extranjeros, va esta ayuda:
santiagueño, formoseño, sanjuanino  > persona originaria de las provincias argentinas de Santiago del Estero, Formosa y San Juan
porteño, bahiense > de la ciudades argentinas de Buenos Aires y Bahía Blanca.